El trabajo y la explotación infantil, un drama que debemos erradicar

En Colombia el trabajo infantil es un drama que sigue afligiendo a gran parte de los menores de edad.

Desde finales del siglo XIX, la humanidad ha comprendido que el trabajo infantil limita ampliamente las capacidades de los niños, niñas y adolescentes para desarrollar su pleno potencial y lograr superar sus condiciones de pobreza.

El cuidado del hogar adecuado no se puede comprender adecuadamente sin los espacios y tiempos de calidad que permiten a los menores de edad tener relaciones significativas y positivas con su núcleo familiar inmediato. El trabajo infantil y la explotación laboral en sus diversas formas son elementos que imposibilitan que los niños, niñas y adolescentes puedan tener acceso a estos espacios y relaciones con su núcleo familiar, los cuales son vitales para su desarrollo emocional y afectivo.

Por otra parte, la escuela como lugar de formación para la infancia, así como los espacios lúdicos, se han consolidado como los lugares naturales para los menores de edad desde que se abolió el trabajo infantil a nivel mundial. Hoy la educación es reconocida en todo el mundo como la herramienta más eficaz de la cual disponen los niños, niñas y adolescentes, y en general cualquier ser humano, para superar sus propias condiciones económicas limitantes.

Sin embargo, alrededor del mundo, el trabajo infantil aún permanece como una realidad a la que están sujeta muchos niños, niñas y adolescentes. Al hacer parte de la economía informal que acompaña el trabajo infantil, los menores de edad se involucran en trabajos para mano de obra poco cualificada y dejan de lado la formación en competencias para labores mejor remuneradas que pueden abrirles la puerta a un mejor futuro.

En 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció los derechos de los niños y adoptó una declaración por medio de la cual se establecen cada uno de estos derechos para lograr su efectiva protección a nivel mundial.

De manera que hoy las Naciones Unidas reconocen que:

“Todo niño tiene derecho a la salud, la educación, la protección. Además, las sociedades deben participar en ampliar las oportunidades de desarrollo durante la vida de los niños. Aun así, a millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo se les niega o limita el acceso a este tipo de oportunidades por el país, el sexo o las circunstancias en las que han nacido”.

El trabajo a temprana edad es uno de los elementos que limitan o cercenan el cumplimiento de estos derechos, privando a los niños de su participación en la escuela, y exponiéndolos a riesgos mayores como el reclutamiento para grupos armados en zonas rurales y de conflicto, la explotación física y la explotación con fines sexuales.

En cada uno de estas formas de explotación, no solo se le priva a los niños, niñas y adolescentes de desarrollar su máximo potencial por medio de la adquisición de habilidades y competencias para los empleos cualificados, algo que se obtiene en la escuela y en la enseñanza superior, sino que muchas veces se mina la autoconfianza del menor y se generan traumas que en algunos casos pueden ser muy difíciles de superar, como en el caso de la explotación sexual.

De acuerdo a los más recientes informes de la Organización Internacional del Trabajo, 152 millones de niños se encuentran en situación de trabajo infantil en todo el mundo, y de estos 73 millones realizan trabajos peligrosos.

A nivel mundial la región más afectada por la explotación infantil es África con un 19.6% de los niños, niñas y adolescentes de todo el mundo que trabajan. Por actividad económica, el área en la que más trabajan los menores de edad es la agricultura. Estos dos indicadores nos muestran claramente cómo el trabajo infantil está relacionado con la pobreza, lo cual crea un círculo vicioso en el que las futuras generaciones, los hijos de estos niños, podrían también verse enfrentados al trabajo infantil, ya que sus padres abandonaron la escuela y se vieron excluidos de mejores oportunidades laborales y de la integración económica.

De acuerdo a la OIT: “Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas incluyen un renovado compromiso mundial de poner fin al trabajo infantil. En concreto, la Meta 8.7 de los ODS exhorta a la comunidad mundial a:

Adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

Dentro de las características del trabajo infantil podemos encontrar tres elementos fundamentales que nos dan una imagen de este fenómeno:

La primera característica es que el sector agrícola concentra, la mayor proporción del trabajo infantil. Alrededor del mundo 108 millones de niños trabajan en labores agrícolas.

Como segundo elemento tenemos que la mayor parte del trabajo infantil tiene lugar dentro de un contexto familiar. Más de las dos terceras partes de todos los niños en situación de trabajo infantil son trabajadores auxiliares familiares. Según la OIT comprender la naturaleza de la dependencia de las familias del trabajo infantil y abordar esta cuestión ayudaría a logra un avance mayor hacia la erradicación del trabajo infantil.

El tercer elemento del trabajo infantil es el trabajo forzoso o en condiciones de esclavitud. Según las estimaciones más recientes, unos 4. 3 millones de niños en todo el mundo son víctimas del trabajo forzoso, esto equivale a un 18 por ciento del total de las 24.8 millones de víctimas de trabajo forzoso en todo el mundo. Esta última estimación incluye a los cerca de un millón de niños que son víctimas de la explotación con fines sexuales. Esta forma extrema de trabajo infantil, en la que los niños sufren tanto el efecto de las condiciones del trabajo peligroso como el trauma de la coacción, la amenaza de una pena y la falta de libertad, requiere la adopción de medidas urgentes por parte de los gobiernos y la comunidad internacional.

Cómo superar el drama del trabajo infantil

Al observar las características del trabajo infantil, podemos apreciar que la pobreza de las familias en las zonas rurales es la primer causa del trabajo infantil. Un primer enfoque para la eliminación del trabajo infantil pasa por el enfoque de apoyo financiero a las familias más vulnerables para que lleven a sus hijos a la escuela y puedan brindarles los elementos necesarios para garantizar su pleno desarrollo tanto a nivel emocional, como cognitivo y de competencias necesarias para el futuro.

Un segundo elemento a tener en cuenta es el papel que desempeña el crimen organizado, tanto en los casos de explotación con fines sexuales como la utilización de los menores de edad como mano de obra esclava para realizar trabajos peligrosos. En este contexto, la protección del núcleo familiar es importante, lograr que los menores de edad que permanezcan con sus padres y tengan acceso a los medios esenciales para su desarrollo y crezcan en ambientes sanos es una de las formas en las que se les puede proteger contra las estructuras del crimen organizado.

Trabajo infantil en Colombia

En Colombia el trabajo infantil es un drama que sigue afligiendo a gran parte de los menores de edad. Cerca de 1.100.000 niños son víctimas de esta realidad, la cual como hemos visto priva a los niños, niñas y adolescentes del ambiente necesario para su desarrollo integral y de las condiciones dignas de vida para explorar todas sus potencialidades. Y aunque la cifra ha disminuido en los últimos años, este fenómeno sigue siendo una gran preocupación para el desarrollo social, psicológico e intelectual de los niños, niñas y adolescentes.

De acuerdo a un reporte del diario El Tiempo de 2019, los niños venezolanos son las nuevas víctimas de este fenómeno en Colombia. En el informe de El Tiempo, la Directora del ICBF aseguró que en los primeros cuatro meses de 2019 se habían identificado 118 menores de edad venezolanos como víctimas del trabajo infantil, quienes ingresaron a los programas del ICBF. “Según la legislación colombiana, el Estado debe garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes en el territorio nacional sin importar su origen. La protección de la niñez y adolescencia es una prioridad para este Gobierno”, destacó el ICBF.

En respuesta a este fenómeno de gran escala, Bethany, así como las diversas organizaciones no gubernamentales que trabajan con las comunidades más vulnerables, han respondido con estrategias de acción que involucran el empoderamiento de las familias para que estas puedan garantizar la escolarización de los menores de edad y estos no tengan que convertirse en auxiliares de la economía familiar en contextos de explotación que terminan cercenando el ejercicio pleno de sus derechos. Bethany también ha respondido a esta realidad, identificando a los niños, niñas y adolescentes abandonados o que han perdido el contacto con sus padres, brindando espacios de atención segura y la oportunidad del reencuentro de los niños con sus familias. De la misma manera, cuando en el entorno familiar ya no se garantiza la protección de los derechos fundamentales de los menores de edad, Bethany ha trabajado de la mano de instituciones como el Bienestar Familiar para la remisión de casos y para que los menores de edad sean acogidos en hogares sustitutos en los que tanto el ICBF como las familias que los acogen trabajan para la restitución plena de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

En Bethany estamos conscientes de esta realidad y trabajamos de manera convencida y decidida en la prevención de las causas y fenómenos que pueden conducir a los menores de edad a situaciones de explotación laboral. El restablecimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes tiene que ser un compromiso de toda la sociedad.

Con información de El Tiempo, Naciones Unidas y la OIT. Imagen: Unsplash