Los desafíos de los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados en Colombia

Algunas historias de menores no acompañados que hemos acogido en Bethany en el último año.

La crisis económica, social y política por la que atraviesa Venezuela ha forzado a muchas familias a salir de este país en busca de mejores condiciones de vida. Los padres salen con sus hijos del país con la esperanza de brindarles nuevas oportunidades y perspectivas. Sin embargo, las familias no siempre se mantienen cohesionadas, lo cual representa un grave riesgo para el futuro de los niños, niñas y adolescentes, los cuales se ven forzados a vivir en ambientes inestables debido a la separación de sus padres u otros eventos que amenazan su integridad.

Cuando las condiciones en los hogares son inestables, los menores corren el riesgo de quedar dependientes de solo uno de los padres, pero en muchas ocasiones, una vez han tenido lugar estas separaciones, eventos fortuitos como un viaje, una enfermedad, o las dificultades económicas, resultan en que el padre o el cuidador del menor, no pueda hacerse cargo de él y lo deje al cuidado de un familiar cercano o que el menor pueda quedarse solo a la espera de que su padre, madre o cuidador cercano vuelva con él. En este contexto, las posibilidades de que el menor quede no acompañado o separado de su familia por periodos prolongados son mucho mayores, elevando también los riesgos para la protección de sus derechos fundamentales.

Bethany, consciente de esta situación, ha dispuesto de varios centros de acogida denominados “entornos protectores”, en los que los niños, niñas y adolescentes pueden encontrar ayuda psicológica, orientación, servicios de llamadas telefónicas para la conexión con sus padres, remisión a otras entidades para que se pueda garantizar la protección de sus derechos fundamentales y también espacios lúdicos y actividades deportivas.

A lo largo del último año, hemos conocido muchas de las historias de estos niños y niñas, los cuales se encuentran con una gran necesidad de apoyo para hacer frente a los desafíos de su entorno y aún esperan la oportunidad para reunirse con sus padres. Cerca de 35 menores en edades entre 14 y 17 años no acompañados llegaron hasta los centros de atención de Bethany en busca de apoyo y orientación, al tiempo que 26 niños, niñas y adolescentes separados de sus padres, acompañados únicamente por un familiar del grupo extenso, recibieron los servicios de acompañamiento y atención en los entornos protectores.

A continuación presentamos algunas de sus historias. Los nombres han sido cambiados u omitidos para salvaguardar la privacidad de los menores.

José Luis, únicamente con el apoyo de un amigo

José Luis es un joven venezolano, tiene 14 años, ingresó a uno de los entornos protectores de Bethany en Cúcuta acompañado únicamente por un amigo también de 14 años. Al llegar al entorno protector, el equipo psicosocial de Bethany identifica que José es un adolescente que no se encuentra acompañado por parte de ningún familiar e inicia la respectiva ruta de atención para garantizar la protección de sus derechos.

José Luis relata que nació en Colombia, pero estando muy pequeño se fue a vivir a Venezuela con sus padres, quienes se separaron años después, luego de lo cual no volvió a saber nada más de su padre. Llegó a Cúcuta hace un año con su madre, escapando de la grave crisis social y económica que actualmente se vive en Venezuela. José Luis le ha indicado al equipo de atención psicosocial de Bethany que aproximadamente hace tres semanas dejó de vivir con su madre porque ella no trabajaba, mientras que él trabajaba en un supermercado para obtener ingresos para pagar el arriendo y la alimentación. Señala que la relación con su madre era conflictiva y prefirió alejarse.

Durante las últimas semanas José Luis ha vivido en la casa de una mujer que conoció a través de su amigo, otro adolescente no acompañado de 14 años. Ambos salen cada día a buscar recursos económicos para llevar comida al hogar que han encontrado. José Luis ha buscado la forma de reencontrarse con su madre, pero hasta el momento esto no ha sido posible. Él indica que ella tiene sus documentos y su ropa.

En el entorno protector de Bethany José Luis ha encontrado apoyo psicosocial, se ha hecho remisión y seguimiento de su caso. De la misma manera, ha participado en los talleres psicosociales, deportivos y entrega de ayudas humanitarias que se ofrecen en el centro de atención.

María Juliana, en busca de un mejor futuro en Colombia

María Juliana es una adolescente de 15 años no acompañada que ingresó al entorno protector de Bethany en Cúcuta buscando información sobre las actividades deportivas y psicosociales del centro. Ella se encuentra en la ciudad con su pareja de 19 años y la familia del joven. Señala que sus padres viven en Venezuela y ella se trasladó sola a Colombia para trabajar y además estar cerca de su pareja, con quien ha estado durante los últimos 3 años. María Juliana no conoce métodos de planificación familiar, aún así le preocupa quedar en embarazo. El equipo psicosocial de Bethany la ha orientado en temas de salud sexual y reproductiva, de la misma manera le ha brindado acceso a servicios básicos y ha hecho remisión de su caso para que pueda acceder a ayudas humanitarias y apoyo psicosocial.

Un gran desafío por delante

Durante el 2020, un año en que las familias y los menores han experimentado circunstancias de gran dificultad y de carencia debido a la pandemia, los centros de atención y entornos protectores de Bethany mantuvieron activos los servicios para la atención de casos, así como las actividades virtuales de apoyo para la restitución de sus derechos. Se establecieron las rutas de contacto con los grupos familiares de los menores no acompañados que se encontraban en procesos de atención psicosocial, talleres grupales, remisiones y gestiones de casos.

Bethany continuará trabajando durante el 2021 en Colombia por la protección de niños, niñas y adolescentes no acompañados y/o separados de sus familias a través de servicios presenciales y/o virtuales, de manera que todos ellos puedan acceder a mecanismos para la restitución de sus derechos y encontrar el apoyo que necesitan en medio de los contextos familiares, sociales y económicos tan adversos a los que se han tenido que enfrentar.